07/11/2009
En el camino que une Toulouse y Perpiñán al sur de Francia visitamos la ciudad de Carcasona (Carcassonne). A medida que nos acercamos se comienza a ver la “Cité”. Mientras mas cerca estamos mas nos vamos asombrando, da la impresión que estamos entrando en una película de caballeros medievales, donde se divisa a lo lejos una inexpugnable construcción fortificada.

No se trata de un castillo, es una ciudad fortificada con un doble anillo de murallas de 3 Km. de extensión y 53 torres, que merecen la menos, de una corta reseña histórica.

Los orígenes de Carcasona, según investigaciones arqueológicas, se remontan a 3000 años antes de Cristo, en que sus tierras fueron ocupadas por un pueblo tribal celta.
Toma mayor importancia en el siglo I a.C. con la llegada del imperio romano, pero con el tiempo cambia de manos varias veces, primero tras las invasiones de los visigodos, y luego con los sarracenos, musulmanes y francos.
Junto a la decadencia de estos últimos y la expansión del feudalismo cerca del año 1000, la ciudad inicia un periodo de creciente economía pero sin dejar de lado el mejoramiento de la fortificación y defensas. En 1096 bajo la dinastía de los Trencavel se inicia la construcción de la catedral y un castillo dentro de la ciudad a modo de núcleo central de defensa. Pero en 1208 el papa Inocencio III llamo a la cruzada contra los cataros, grupo religioso influyente que controlaban la región. La ciudad fue sitiada y capituló quedando bajo el dominio real en 1226.
Tras la firma, en 1659, del acuerdo de paz de los Pirineos, la ciudad pierde importancia estratégica y comienza un proceso de deterioro, hasta que en el siglo XIX Eugene Viollet-le-Duc , arquitecto y arqueólogo francés, restaura la ciudad devolviéndole su aspecto medieval y en 1997 pasa a formar parte de la lista del patrimonio mundial de la UNESCO.

Sus paredes de piedra pueden considerarse un libro donde se lee la historia de cualquier época y es posible obtener información de todos los sistemas de arquitectura militar.

Luego de resolver el laberinto que conducía al hotel, salimos caminando hacia la Cité, recorrimos unos metros junto al río Aude y lo cruzamos por el llamado Puente Viejo, construido a mediados del siglo XIV. Unos 15 minutos de marcha y estábamos en la puerta principal, llamada Puerta Narbonesa, listos para ingresar a la Cité.

Cruzamos el puente sobre el foso y pasamos al interior donde encontramos una construcción medieval en excelente estado de conservación con la mayoría de las plantas bajas convertidas en locales comerciales de souvenirs, productos regionales, pastelerías, restaurantes. Luego de caminar por sus callejuelas, nos detuvimos en el restaurante Le Marcou, almorzamos una Cassoulet de la Maison, una saborsa cazuela de pato y salchicha típica de Toulouse, servida en una basija de barro.

La ciudad esta abierta todo el día y el acceso es libre, solo el Castillo tiene acceso pago y junto a la basílica de Saint-Nazaire tienen horario de visita.
Por fuera de la Cité al otro lado del Aude existe la ciudad nueva o ciudad baja, con casi 50 mil habitantes. Mucha de su industria es textil, pero su fuente de ingreso principal proviene de los 3 millones de turistas que anualmente llegan a visitar la Cité.

Todos los años, el 14 de Julio a las 22:30, arde Carcasona. Es el día de la fiesta nacional francesa y se realiza un espectáculo pirotécnico que conjuntamente a juegos de luces simulan un gran incendio de la ciudad. Esto se realiza desde 1898 cuando se realizo por primera vez con motivos de una fiesta en honor a la visita de los Cadets de Gascogne, compañía compuesta por los más prestigiosos de la literatura, arte y política de la época

A escasos kilómetros, entre Limoux y Carcasona visitamos la abadía de Saint-Hilaire (siglo XIII) dedicada al primer obispo de Carcasona, Saint Hilaire.
Los monjes de esta abadía son los que descubrieron el primer vino efervescente del mundo, el Blanquette de Limoux. La persona que nos asistió en la abadía, luego de recorrerla, nos indicó donde quedaba una bodega en la que podríamos probar este vino.
A solo 10 minutos a pie cruzando un puente decorado con flores, sobre el Aude, llegamos al lugar indicado, la Maison des Vignerons de Saint-Hilaire. Allí probamos el Blanquette y otros ricos vinos de la región.

Ya alejándonos de Carcasona, queda hecha la promesa de regresar un 14 de Julio para vivir en piel propia el incendio de la ciudad.
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Updated: 20:19 pm
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19/10/2009

Llegamos a Lyon al atardecer desde el sur, por la autopista A7. La primera impresión es que se trata de una ciudad muy grande, con mucha actividad industrial y pesado tráfico, aunque ese día la causa principal del intenso tráfico se debió a una huelga en el trasporte urbano.







Durante el día hay muchas cosa para visitar, dentro de la mas importantes esta la Basilica de Notre-Dame de Fourvière, la que se ubica en una posición dominante en la colina Fourvière. Se puede subir caminando, pero es bastante exigente la cuesta. Lo mas comodo es tomar el funicular.

Muy cerca de la Basílica esta el Teatro Romano, que data del año 15 antes de Cristo, y que contó en los inicios de la segunda centuria con capacidad para mas de 10,000 personas actualmente recuperado y con capacidad para unas 4,000 es utilizado todos los años en el festival denominado Nuits de Fourvière.

Existen un gran número de atracciones mas para visitar, dependerá de la duración de su estadía, entre ellos podemos mencionar el museo de miniaturas utilizadas en producción de películas, Maison des Avocats, el museo Lumiere, la opera, etc
Sin duda Lyon es un gran lugar para conocer y un excelente punto de partida para quien desee investigar el valle del Ródano, y Provence.
Updated: 14:56 pm
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08/09/2009